Mi mentor era un hombre que jamás alzaba la voz

Llama - mentor“Mi mentor era un hombre que jamás alzaba la voz ni mostraba enfado alguno. Cuando supo de mi intención de abandonar el hogar y salir a conocer mundo, me fijó en el suelo con sus grandes ojos limpios y oscuros.

– ¿De verdad quieres irte? ¿Crees que estás preparado? – me preguntó.

– Claro que lo estoy. Soy diestro con el estoque, y de zancada veloz; ni siquiera los muchachos más ágiles del pueblo logran darme caza entre la espesura.

– Y esas habilidades de las que tanto te jactas, ¿piensas que te servirán de algo ahí fuera?

– No sé qué más me puede hacer falta, aparte de algunos doblones que sin duda ganaré en el viaje gracias a mis pericias.

– ¿Viajarás solo?

– ¡Por supuesto! Un compañero sólo me retrasaría. Pocos caminan a mi paso.

Hubo una pausa. Luego añadió:

– ¿Y si encuentras a alguien?

– No os comprendo.

– ¿Si encuentras a alguien que quiera acompañarte?

– En ese caso sopesaré los beneficios de su compañía.

– Supón que alguien viaja a tu lado y su compañía te agrada. Es más: que con el paso del tiempo te encariñas de esa persona. Ya se trate de un compañero que te ofrece una sincera amistad, que comparte tus penas y tus alegrías. O una mujer de la que te enamores y no puedas proseguir tu camino sin ella.

– Ya tengo amigos aquí. Me despediré de ellos esta misma noche en la taberna. Y mujeres… ya me he enamorado muchas veces y aquí estoy, colmado de grandes proyectos.

– No conoces el mal de amor ni la traición de un amigo. Pero lo conocerás.

Yo era joven e imprudente, y mis palabras sólo estaban guiadas por el orgullo. Así que alcé el mentón y añadí entre carcajadas:

– ¡Que lo hagan! ¡Que me abandonen y me traicionen! A los primeros, los olvidaré; los otros probarán el acero de mi espada. No, no temo a esas cosas. Ya vendrán otros amores y otras amistades.

– ¿Y si descubres que ni el olvido ni el acero logran vencer tus desengaños?

– Es harto improbable, pues no hay dolor que no se pueda olvidar ni traición que no se zanje con una hoja bien templada.

– Estás muy seguro de ti mismo. Te deseo lo mejor -. Mi mentor bajó la cabeza y guardó un profundo silencio.

– Lo estoy, y mañana mismo partiré con vuestra bendición.

No conoces el mal de amor ni la traición de un amigo. Pero lo conocerás. Clic para tuitear

Y, efectivamente, me fui al despuntar el sol. Mi entusiasmo era grande por entonces, mas a medida que mis jóvenes piernas iban devorando millas de ondulante campiña francesa, el rapto de la aventura fue dando paso a otro sentimiento mucho más poderoso: el desengaño. Desengaño por las personas que conocí y que, después de haberles ofrecido mi honestidad y mi honor, se alejaron sin un gesto de despedida; desengaño por los amigos que se fueron para siempre sin que yo me llevara nada de su amistad; y, en fin, desengaño por esas mujeres que me olvidaron y yo no fui capaz de olvidarlas a ellas. Nada bueno puedo decir de la naturaleza humana y creo que por ello mis ojos han perdido su brillo y mi semblante ha adoptado un cariz más siniestro”.

 

(De Crónicas de Ravensburg Vol. II. “Un camino de espinas”)

 

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