La lucha por mis ideas, el duelo de mi batalla

mar azul

“Llegados a este punto, damas y caballeros, solo me resta decir que no es nada aconsejable caminar por el fondo del mar. Y no, no es por la oscuridad, ni por los interminables desiertos marinos; es por el lastre que te clava al suelo arenoso y que, a pesar de que larga es la cadena y fuertes son sus eslabones, nunca lo pierdes de vista. Te impide avanzar hacia esa luz que se adivina en la distancia y convierte cada paso en un nuevo comienzo. Ese lastre se aferra a ti como un amante abraza a su amado, como el alba acoge con cariño el amanecer. ¿Qué solución cabe en tal desesperada circunstancia? Solo una: haber tomado una buena bocanada de aire antes de sumergirte.

Mas lo peor no son los sólidos eslabones que te aferran al fondo. Mis sórdidas tribulaciones me han enseñado que los lastres más pesados son los formados por ideas oscuras que cercenan los pensamientos limpios, puros, que esperé encontrar en mis viajes. No fue así. Solo aprendí que cuando una idea es rebatida con otra idea, la idea vencida se fusiona con la idea vencedora, de tal modo que juntas forman un concepto totalmente nuevo que huye de la idea original. Lamentablemente, tales situaciones son escasas. Lo más común es someterse a una idea cuando ésta hunde sus raíces en lo más profundo de lo inicuo, de lo manifiesto y de lo asumible, de tal modo que el receptor de la idea, especialmente si se trata de una mente dada a la reflexión y a la prudencia, se ve arrastrado hacia el pozo oscuro de la mente creadora; y una vez allí dentro, igual que un alimento es digerido en las entrañas de una bestia, el receptor es sometido a un severo veredicto carente de toda justicia. Y en ese lóbrego lugar mueren todos los nobles intentos de reconciliación, de crecimiento, de franqueza, por lo que esa mente honrosa, salvo que se halle revestida de una fortaleza preternatural, muere un poco más víctima de los negros seres que vagan por la vida.

O, al menos, es lo que ocurre cuando se trata con lo salvaje”.

 

Lo más común es someterse a una idea cuando hunde sus raíces en lo inicuo y asumible. Clic para tuitear (Crónicas de Ravensburg, Preámbulo al Vol. III: “Regreso al hogar”)

 

© 2016 – 2017, Fictionos. All rights reserved.

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *