Estrellas de colores

estrellas

Querido diario:

            Las cosas no siempre son como a una le gustaría. Hoy me ha quedado muy claro. Esperaba encontrar a mi madre en el jardín, como todos los sábados por la mañana, y a mi padre en el garaje. O en el despacho entre papeles. Pero estaban los dos en el salón, discutiendo. Con mis zapatillas de ballet colgando del cuello, vi cómo perdían el tiempo dándose gritos. Creo que mi madre dijo un “hola, cariño” y los dos se quedaron mirándome como si fueran tontos. Subí corriendo hasta mi cuarto, cogí el Libro y me metí con él debajo de la cama.

            Mi hermano me decía que todo tiene su lado bueno, que solo hay que saber buscarlo. Suele estar escondido fuera del alcance de los corazones. Creía que las estrellas del firmamento siempre eran blancas porque nadie les hacía caso. Por eso mi Libro tiene tantos recortes y letras gigantes de colores y muchas, pero muchas, estrellas rojas, verdes y moradas pintadas encima de todo. Las dibujo cuando me escondo debajo de la cama y eso pasa cada vez que mis padres discuten. Como hoy. Tengo hambre pero no quiero bajar hasta la cocina.

            Creo que ya ha pasado una hora y he dibujado mucho en el Libro. Mi madre entró para dejarme leche y galletas junto a la cama. Podía notar su tristeza desde las alturas. Estuvo llorando. Sus pies daban vueltas por la habitación mientras me hablaba, pero yo me tapé los oídos. Debe estar atardeciendo. Es mi momento favorito del día. Cuando oscurece ahí fuera me acuerdo de otra cosa que decía mi hermano mayor. Decía que alguien en el cielo tiene que estar muy triste porque el cielo está lleno de estrellas.

Eso decía antes de que se fuera con ellas y ya no me dijera nada más.

 

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