Una especie aparte. El origen de los Jermyn

Congo 1754

NOTA PREVIA

Las referencias a los textos aparecerán mencionadas por medio de un código de dos letras y un número, representando respectivamente la abreviatura del título y el año de su primera edición, seguido por el número de página determinada (por ejemplo, JO96, 358 representa: Joshi, S.T. H.P. Lovecraft: A Life [1996], página 358). Dos letras únicas representan el título del relato. En la bibliografía al final del ensayo figura la correspondencia entre los códigos y sus textos.

(Este artículo ha sido publicado en Lovecraft eZine con el título “A Separate Species: The Origin of the Jermyn”).

* * *

Lovecraft siempre estuvo orgulloso del relato que eventualmente se titularía “Arthur Jermyn”, quizás porque en él se pone de manifiesto uno de los mayores horrores que su autor pudiese imaginar: que toda la especie humana derivase de una raza oriunda del Congo africano (JO96, 236). A pesar de la brevedad del texto, su contenido transmite la sensación de que la ciudad derruida del Continente Negro esconde una historia que ni siquiera el más erudito de los Jermyn logró averiguar.

Hacia el otoño de 1920, Lovecraft escribió “Hechos acontecidos al difunto Arthur Jermyn y a su familia”. Bajo este título será publicado en la revista Wolverine en marzo y junio de 1921 (JO01, 89). Consta de dos partes: en la primera se narra la historia de la noble familia inglesa Jermyn desde el siglo XVIII hasta comienzos del XX. En la segunda parte se nos narra, en efecto, los hechos acontecidos al propio Sir Arthur Jermyn. Aunque la historia transcurre tanto en Europa como en África, será en este último lugar donde ambos continentes se funden en las ruinas de una ciudad del Congo cuyo verdadero origen no se menciona explícitamente en el relato.

Sir Wade Jermyn fue pionero en la exploración de la zona del Congo, aunque históricamente se atribuye al portugués Diogo Cão ser el primer europeo que descubrió y remontó parte del río Congo en 1483. Pero sí fue Sir Wade quien halló una ciudad en ruinas entre la vegetación tropical unos trescientos años después. Los detalles permanecen velados, al igual que el origen de la ciudad. Solo los desvaríos de Sir Wade hablan de “gigantescas murallas y pilares de una ciudad olvidada, derruidos y cubiertos de vegetación” (AJ, en NC05, 206-7). En el siglo XVIII, la cuenca del río Congo ya había sido hollada por los portugueses, por lo que Sir Wade, al ser “uno de los primeros exploradores de la región del Congo” (ibíd., 205), debió haberse aventurado en territorios por entonces muy poco conocidos. Las ruinas de la ciudad descrita deben por tanto encontrarse en algún punto tierra adentro más allá de la orilla septentrional del río Congo, una zona cercana al área que en un mapa de la región, datado en 1770, aparece en blanco.

Tampoco conocemos con exactitud quiénes fueron los constructores de la ciudad, que otrora debió ser magnífica en sus dimensiones. Sabemos que eran capaces de crear “misterioras esculturas” y construir profundas catacumbas bajo sus murallas y columnas (ibíd., 207). La supremacía e inteligencia de esta civilización desaparecida son incuestionables. Resulta evidente que estos seres poseían un aspecto antropomorfo, dotados para utilizar herramientas y levantar defensas frente a un entorno que, creemos, podía suponerles una amenaza. Sir Wade la describe como una “prehistórica civilización congoleña de raza blanca” (ibíd., 206) la cual, evidentemente, se ha originado en el área ocupada por el Reino del Congo, pero en tiempos tan remotos que la data de una “antigüedad impía” (ibíd., 207). Aún así, es improbable que el explorador inglés supiera de primera mano que esa civilización fuera de raza blanca, a menos que la viera representada en las ruinas sobre algún tipo de soporte como, por ejemplo, en las “misteriosas esculturas”. Aparentemente, los constructores de la ciudad prehistórica poseían un perfil físico y mental bastante humanos.

Sin embargo, de su historia se deduce que debió acontecer un suceso trágico pues se nos dice, de nuevo por medio de Sir Wade, que “grandes simios” invaden la ciudad en vías de extinción (ibíd., 207). Esa civilización, después de haber vivido momentos de esplendor, comenzó a sufrir una decadencia tal que sus defensas se debilitaron, permitiendo a ciertos enemigos de la jungla, más allá de sus muros, invadirles. No llegó a desaparecer, ya que entre la decadente ciudad aún sobrevivían sus descendientes. Llegamos a un punto en el argumento de AJ que merece especial atención.

El término “gran simio” alude, desde un punto de vista taxonómico, a la especie homínida, a la cual pertenecen todos los grandes simios, incluso el hombre. Pero Lovecraft evidentemente no incluía al ser humano en esta definición, lo cual es totalmente válido, puesto que el término puede tener una connotación más indefinida y referirse a todos los simios excepto al ser humano. Teniendo esto en cuenta, la ciudad moribunda fue invadida por grandes simios (gorilas, orangutanes y chimpancés), pero por algún motivo desconocido no exterminaron a los supervivientes; más bien, debieron convivir juntos algún tiempo, llegando incluso a cruzarse con ellos. Su descendencia es tan increíble que el autor no escatima en definirla de varias formas. No solo son “criaturas híbridas, mitad de la selva, mitad de aquella ciudad”, sino que también se trata de “criaturas fabulosas” e incluso de “seres vivos” (ibíd., 207). Lovecraft deja a la imaginación el aspecto real de esos hijos de la jungla, pero sí pone de manifiesto que tal mestizaje solo pudo engendrar una descendencia tan ajena a lo natural que ningún término puede describirla con certeza.

Tendría que transcurrir mucho tiempo para que tales criaturas híbridas engendraran a los simios blancos que habitaron en las ruinas. Así, ya en el siglo XVIII, el relato nos habla de un comerciante portugués asentado en África, tal vez alejado del continente europeo porque no congeniaba con las costumbres inglesas (ibíd., 206). En algún momento, y quizás impulsado por una inclinación zoofílica, este hombre se emparejó con una hembra de los “seres blancos que parecían simios” (ibíd., 211) y tuvieron una hija. Su aspecto físico no podía ser otro que el de un “simio blanco […], menos peludo […] y muchísimo más próximo al género humano” (ibíd., 215). Aunque el relato solo menciona al comerciante portugués, se puede inferir que posiblemente se tratase del verdadero descubridor de la ciudad en ruinas. Cuando Sir Wade llega a África en su segundo viaje, entabla contacto con este comerciante, conoce a su hija y se casa con ella. Durante un tiempo, Sir Wade y su esposa-simia gobernaron como dioses entre las ruinas de la ciudad (ibíd., 211); es posible que el aristócrata inglés fuera deificado por el hecho de tener la piel blanca, muy similar a la de su consorte. De esta unión nace el primero de los Jermyn que aportará una nota de alienación al lado humano de su estirpe (“Sin duda alguna, la locura comenzó con Sir Wade” [ibíd., 206]): Philip Jermyn vio la luz en el Congo, probablemente entre las ruinas descubiertas por su abuelo portugués.

 

En el relato no hay referencias explícitas a la infancia de Philip. Sabemos que tras su nacimiento, el niño y sus progenitores regresaron a Inglaterra. Luego, Sir Wade y su esposa volverían al Congo para vivir entre las ruinas que ya se habían convertido en su hogar. Cuando ella muere, su esposo la embalsama y la deposita como reliquia en un edificio de piedra (ibíd., 212). Después retorna a Inglaterra, donde morirá en el manicomio de Huntingdon en 1768, no sin antes publicar su obra, Observaciones sobre las diversas partes de África en 1768, donde recoge todo su conocimiento sobre la ciudad y sus habitantes (CM08, 212). Su hijo Sir Philip Jermyn, ya convertido en baronet, fue marinero y tuvo un descendiente, Robert Jermyn, nacido en 1781. El final de Sir Philip permanece sumido en el misterio; al menos en 1783, se embarcó en un buque que comerciaba con África, y desapareció una noche cuando su barco se alejaba de la costa del Congo (AJ, en NC05, 207-8). Sin embargo, este suceso conecta con una de las leyendas de los kaliri, una tribu asentada cerca de las ruinas de la ciudad. Según la leyenda, el dios blanco regresó para morir a los pies de su esposa consagrada (ibíd., 212). Obviamente, no puede tratarse de Sir Wade, pues nos consta que falleció en Inglaterra. Por ello, es muy posible que fuera su hijo Philip, también blanco, quien regresase a las ruinas que lo vieron nacer para morir ante el cuerpo disecado de su madre.

El linaje de la familia Jermyn continúa con Sir Robert, Nevil (que no heredó el título de baronet por haber muerto antes que su padre), Sir Alfred y Sir Arthur (ver el Apéndice para los detalles sobre el linaje). Será este último quien ponga fin, en 1913, a un impío mestizaje que trasciende el núcleo familiar. De hecho, la aceptación de que no solo los Jermyn, sino toda la raza blanca actual, ha sido mezclada con sangre de la extraña raza blanca simiesca, es el kernel de AJ, y así lo sugiere la poderosa frase del primer párrafo: “si es que somos una especie aparte” (ibíd., 205). Joshi sostiene que la ciudad en ruinas es la fuente de toda la civilización blanca (JO01, 90). En algún momento del pasado los descendientes de los simios blancos (descendientes de los grandes simios y los sucesores de los miembros de la civilización blanca original que construyó la ciudad) emigraron fuera de África y se extendieron por el mundo para fundar toda la raza blanca (AJ90, en PS03, 160). Estos emigrantes serían una rama aislada que abandonó al grupo principal en la ciudad, del cual surgirá en el futuro el ser blanco simiesco con el que se emparejó el comerciante portugúes en el siglo XVIII. La rama que se extendió por el mundo representa el origen de todos los homínidos, remontándose hasta el Australopithecus, que habitó en África oriental hace unos cuatro millones de años. La antropología recoge desde ese momento toda la evolución humana científicamente aceptada. Pero sabemos por Arthur Jermyn que la ciencia no es en absoluto fiable.

 

A continuación aparece un esquema que muestra todos los momentos principales explicados previamente, desde la fundación de la ciudad del Congo hasta la familia Jermyn:

APÉNDICE

El siguiente linaje de la familia Jermyn ha sido elaborado a partir de la información suministrada en AJ. Las fechas en cursiva han sido deducidas a partir del texto y no figuran en este de manera explícita.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Para los detalles históricos y científicos, Wikipedia ha sido de gran utilidad. A continuación se relacionan los códigos, ordenados alfabéticamente, con los textos mencionados en el ensayo.

 

AJ                        “Facts Concerning the Late Arthur Jermyn and His Family”

AJ90                    Joshi, S.T. “What Happens in ‘Arthur Jermyn’” (1990).

CC99                   Joshi, S.T. The Call of Cthulhu and Other Weird Stories (1999).

CM08                  Harms, Daniel. The Cthulhu Mythos Encyclopedia, 3rd ed. (2008).

JO96                    Joshi, S.T. H.P. Lovecraft: A Life (1996).

JO01                    Joshi, S.T. & Schultz, David. An H.P. Lovecraft Encyclopedia (2001).

PS03                    Joshi, S.T. Primal Sources. Essays on H.P. Lovecraft (2003).

 

Solo en español

AJ                         “Hechos acontecidos al difunto Arthur Jermyn y a su familia”.

NC05                   Molina Foix, Juan Antonio, ed. H.P. Lovecraft. Narrativa completa, Vol. I (2005).

 

 

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