Encuentro en el silencio y en el vacío

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Habían recorrido tanto espacio en solitario que apenas se reconocieron al encontrarse. La mayor, rotando tranquilamente como una flor sobre un río de aguas negras, extendió uno de sus brazos con timidez y rozó la piel de su nueva amiga; una piel formada por nebulosas anaranjadas, soles azules unidos por la gravedad y discos de materia llenos de sueños de futuros planetas. Fue apenas un leve toque del gigantesco brazo espiral de la mayor, con sus grandes orbes rojos, magníficos quasars y poderosas estrellas de neutrones. Breve fue su encuentro, aunque suficiente para que su abrazo gravitatorio las dotara de un renovado vigor que las impulsara a seguir su camino a través de un océano de oscuridad y de silencio.

 

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