Cuando los dioses retornan (3 de 3)

dioses

En esta tercera parte hay alusiones a “El cuervo”. La belleza de la nostalgia; las similitudes entre la cinta y el poema de Poe son frecuentes.

Fuego purificador

El cuervo sobrevuela de nuevo la ciudad. Es oscura, lúgubre, triste, evocadora de la robusta ambientación gótica y decadente de los relatos de Poe. Un grupo de rock industrial ofrece un gig en un amplio recinto. Corta a un plano cenital que barre el lugar de reunión de los jefes de las bandas locales: una mesa alargada, cubierta de armas, licores y billetes. Aparece el líder de todos ellos, acompañado por Myca, su amante, una atractiva bruja oriental de mirada fría y despectiva. Arrastra con él a un pequeño individuo de aspecto lamentable, herido, acobardado. Top Dollar es un hombre de fuerte personalidad e intenso magnetismo. Con su voz grave y sepulcral da un breve discurso donde anima a los demás a provocar en la ciudad un incendio “de tales dimensiones que se fijen en nosotros hasta los dioses”. Los hombres se muestran animados con estas palabras, ansiosos por entrar en acción y tejer su red de destrucción. De pronto aparece el cuervo, como surgido de la nada, y se posa graznando sobre la mesa a la vista de todos. Le sigue el vengador.

El cuervo sobrevuela de nuevo la ciudad. Es oscura, lúgubre y triste. Clic para tuitear

Eric se presenta resueltamente ante la camarilla. La satisfacción de haber cumplido hasta ahora con su deseo de venganza le aporta una seguridad que se pone de manifiesto en su magnífico porte al caminar hacia la mesa a la que se sientan los hombres, todos ellos fuertemente armados. Pero aún le queda alguien más para eliminar, Skank, el insignificante gusano que se arrastra y se esconde, y que fue el último de los que violaron a Shelly. Insta a Top Dollar a entregárselo, pero éste no se lo pone fácil. Resulta paradójico que el más débil de los cuatro asesinos se encuentre protegido por el líder y sus secuaces, siendo éstos quienes se interponen entre Eric y la culminación de su venganza. Mas ello no es un obstáculo para él, cuya aparición parece haber sido el resultado de la invocación de Top Dollar al exhortar a que se fijen en ellos los propios dioses. La diosa Atenea sí ha reparado en él, y envía al cuervo al mundo mortal en calidad de lúgubre avatar. Transmite su poder a Eric, convirtiéndole en un ser mucho más poderoso que el hábil guitarrista que había sido en vida, pero respetando, como diosa de las artes intelectuales, sus impulsos creativos que exhibe sobre el tejado de su casa vacía. No vacila cuando alza sus armas y abre fuego a bocajarro contra aquellos hombres. Entonces se despliega una secuencia de acción con un desarrollo limpio, claro, de tensión frágil, que culmina con la muerte de todos salvo de Top Dollar y su esquiva amante.

eric fire

Esculpida en forma de busto sobre el dintel de una puerta, y con sus atributos modificados y oscurecidos por la presencia del cuervo que corona su cabeza, la diosa Atenea domina esta violenta escena desde aquellos lejanos versos, imbuyendo con sus poderes la persona y los actos de Eric Draven. Atenea no es sólo la diosa griega de la sabiduría y del conocimiento; también es la diosa de la guerra, llegando a mostrarse imbatible en el campo de batalla, tal como lo demostró al combatir contra Ares, su malvado hermanastro, en eras mitológicas. Atenea defiende la lucha noble en defensa de los altos ideales, de las causas justas. Quizás por ese motivo, Eric es totalmente inmune a los disparos; el impacto físico de las balas apenas logra detenerle, desenvolviéndose fluidamente entre las ráfagas de plomo a través de una estancia cada vez más poblada de sombras. La mácula de Atenea pende sobre el vengador y guía sus ataques para llevar a cabo la venganza decisiva. Sus enemigos caen víctima del fuego abierto, de tajos de cuchillo, de precisos golpes marciales. Agotada la munición, Eric blande una katana, como si al hacerlo retrocediese por unos instantes a aquellos tiempos en los que no había armas de fuego, a los olvidados “santos días del pasado”, en los que la katana encarnaba la misma esencia del samurái. En Japón la espada simbolizaba la sabiduría capaz de cercenar los obstáculos; con su filo escindía el bien del mal. Pero la fuerza de la justicia de Atenea no solo consigue con su sabiduría delimitar esta eterna oposición binaria, sino que extirpa de raíz la maldad que asola la ciudad de Detroit. Pues Atenea también es la diosa protectora de las ciudades, valiéndose de Eric Draven y de su deseo de venganza para desplegar sus dominios en el mundo de los mortales.

Apenas se ha posado el humo de la batalla, Eric atrapa al furtivo Skank. Ese hombre es tan insignificante que casi resulta indigno de representar el último de los cuatro enfrentamientos, los cuales han exhibido una complejidad creciente a lo largo del argumento. Ahora no vacila en darle muerte, no pierde tiempo sonsacándole información. Skank es simplemente una lombriz presa del voraz pico del cuervo y con su eliminación queda zanjada la venganza.

 Nunca más

Llegados a este punto, Eric ya puede descansar en paz. Los enemigos yacen muertos; la deuda de sangre ha sido pagada. Es más: ha exterminado el mal que reinaba en la ciudad, una ciudad que en este momento duerme tranquila, sin amenazas, sin fuegos. Es una situación que lamenta Top Dollar, quien desearía ver los edificios en llamas. En un principio el vengador no le persigue, pero termina enfrentándose a él en otra escena que cumple la función de un segundo clímax argumental. El último acto de la cinta se desarrolla en la iglesia sobre cuya cruz se había posado el cuervo en su primera aparición. La tradición gótica luce sus mejores galas en la imagen de su fachada lúgubre, imponente tras una cortina de agua. La lluvia y los truenos acompañan al vengador en su combate final sobre la cumbrera de la nave en la que ambos hombres se baten. Pero la voluntad de la diosa no abandona a Eric. Encontrándose desarmando frente a su enemigo, Eric arranca el pararrayos de hierro forjado para bloquear el ataque; y mientras lo hace, un relámpago cae sobre el metal, como si Atenea le prestase su propia lanza de luz que antaño empuñase frente a sus enemigos en tierras míticas, un arma que hiende las nubes con ígneo resplandor. Atenea no ha olvidado la ofensa cometida por Top Dollar contra los dioses cuando ansiaba provocar el incendio que arrasaría la ciudad. Pero no esperaba que se fijaran en él, pues parece que el propio Zeus, dios del rayo, alienta a Eric a provocar su destrucción. El líder de la camarilla de asesinos ha pecado de hybris y desde aquél momento ya estuvo condenado. Ahora debe sufrir el castigo definitivo, pues nadie desafía a los dioses; ni tampoco a sus avatares.

eric dioses

El cuervo se desvincula de Eric para permitirle regresar a la verdadera muerte donde Shelly le aguarda, aureolada por un blanco velo. Las preguntas han sido respondidas y el amante retorna a su origen convertido en alguien más sabio, alguien que ha hecho de la justa venganza un acto de amor incondicional. Ha dejado atrás un mundo menos cruel, un poco menos gris, como si hubiera hundido una parte de su corazón en la ciudad donde una vez amó intensamente. Cuando en vida era un guitarrista, Eric podría definirse como un héroe romántico, volcado en su pasión y en su plena vida sentimental; pero ni siquiera la muerte le impide seguir siendo quien era, y el mensajero del más allá le envía el bálsamo curativo que tal vez existiera en Galaad para transformarle en un héroe vengador.

Nunca más quedará un amor en el olvido ni una injusticia sin venganza. Clic para tuitear

 

Lluvia eterna

El grupo de rock al que Eric pertenecía había compuesto una canción titulada Fire in the rain. En una breve escena oímos sonar ese tema en un tocadiscos; y en ese momento, el cuervo desciende sobre  la ventana de la habitación, graznando. Parece que acudiese a la llamada de la música. Y cuando se aleja, la aguja se detiene en el mismo punto, haciendo repetir una y otra vez el estribillo “no llueve eternamente”. De alguna manera esa frase esconde, muy, muy hondo, un “nunca más” velado, como si su significado asomara con timidez sobre los surcos del vinilo. ¿Se trata del mismo cuervo torvo y espectral que ha surgido de la Noche Plutónica y ha viajado hasta la herida ciudad de Detroit? Es posible que ambos mundos sean el mismo, distanciados en el tiempo y en el espacio, pero unidos por la omnipresente voluntad de la diosa blanca. Sin embargo, el cuervo es aún más fuerte, más arcano, abarcando con su vuelo todos los universos donde hay corazones rotos. Quienes han amado y han perdido, hacia ellos dirigirá su furibunda mirada. Llamará a sus puertas, entrará por sus ventanas, picoteará sobre sus lápidas. Porque sabe algo con certeza: que nunca más quedará un amor en el olvido ni una injusticia sin venganza.

Monolítico y poderoso, el cuervo aún sigue posado sobre el busto de Atenea.

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