Sueño el oscuro sueño del cuervo (1 de 3)

parte 1

Brandon Lee (1965 – 1993)

In Memoriam

En esta primera parte hay alusiones a “El cuervo”. La belleza de la nostalgia; las similitudes entre la cinta y el poema de Poe son frecuentes.

Un sueño del pasado

James O’Barr, un dibujante de cómics americano, publicó en 1989 una trágica historia basada en una devastadora experiencia que había sufrido trece años antes. Su novia había sido atropellada por un conductor ebrio, accidente que le costó la vida. En un intento de superar la pérdida, O’Barr se unió al Cuerpo de Marines y trabajó ilustrando manuales de combate. Pero no fue suficiente. En 1981 comenzó a trabajar en una novela gráfica para sublimar el persistente dolor y elaboró un guión en el que una joven pareja es atacada en la carretera. Ella es violada y apaleada y Eric, su prometido, presencia todo antes de que le vuelen la cabeza. Mientras yace moribundo, un majestuoso cuervo desciende desde el cielo y sobrevuela la escena, contemplando con sus ojillos negros cómo se alejan los asesinos.

“¿Son los huesos de tus pecados lo bastante afilados para cortar tus propias excusas?”. Clic para tuitear

Quizás debido a la simple fuerza de voluntad, o quizás a un insólito enviado del más allá, Eric vence a la muerte. A partir de ese momento, la novela gráfica redundará en mares de blancos y negros, en admirables escorzos que trazan un argumento en el que se entremezclan los flashbacks de una vida feliz con la frialdad de una casa vacía, donde un Eric vengador e invulnerable se hunde en mil infiernos de recuerdos. La muerte de cada uno de los miembros de asesinos es un episodio completo en el que Eric, maquillado, ataviado de ropajes negros y ceñidos, siempre surge acompañado por un cuervo que parece formar parte de él. Solo cuando finalmente ha hecho justicia, Eric descansa en paz en la tumba junto a su amada.

Sueño The Crow cover

Edición de 2006 publicada por Pocket Books

El enviado

La novela gráfica de James O’Barr se publicó en 1989 bajo el título de The Crow. A pesar de que ha sido traducido al castellano como El Cuervo, el cómic no está basado en el poema de Edgar Allan Poe. Pueden encontrarse semejanzas interesantes, sin embargo, tales como la historia de amor en la que el amante añora con tristeza, como en un sueño, los días pasados y dichosos o, especialmente, la presencia del cuervo como vínculo entre la realidad y el más allá. No en vano esta ave ha sido venerada en diversas culturas desde antaño. Los japoneses creen que el cuervo es un símbolo de amor familiar, mientras que en Grecia se le considera un emisario de los dioses, cumpliendo funciones proféticas y conjurando la mala suerte. Pero es en el Mahabharata, la obra magna de la literatura hindú, datada del siglo III aC, donde se compara a los cuervos con los heraldos de la muerte. Esta última interpretación respeta claramente el significado último del cuervo tanto en el poema de Poe como en la obra de James O’Barr. Es un enviado, en efecto, que proviene de los reinos plutónicos gobernados por el dios de los infiernos para transformar la vida del amante en un estado alterado de existencia vinculado con la muerte: en el poema, el narrador, formulando preguntas al cuervo, se acerca al reino de los muertos donde mora Leonor, mientras que Eric es convertido, casi literalmente, en un muerto viviente que conserva el amor y la bondad que le definieron en vida. El ave oscura, el mensajero del más allá, se convierte así en un centro de significado alrededor del cual emana toda la historia.

“Es un enviado venido de los reinos plutónicos gobernados por el dios de los infiernos. Clic para tuitear

The Crow es considerado una referencia del cómic underground cuyo éxito no ha pasado desapercibido por la industria del cine. La primera y más acertada adaptación apareció en la gran pantalla en 1994 y fue dirigida por el director australiano, por entonces desconocido, Alex Proyas. Se respetó el mismo título de la novela gráfica, The Crow y, en general, la historia mantiene una similitud más que aceptable con el original, en parte debido a que el propio James O’Barr desarrolló el script. La apertura de la cinta es inmersiva: sobrevolamos lentamente una ciudad con edificios en llamas, con un resplandor anaranjado tiñendo el cielo nocturno. Y se escucha la siguiente introducción:

Antiguamente la gente creía que, cuando alguien muere, un cuervo se lleva su alma a la tierra de los muertos. Pero a veces sucede algo tan horrible que, junto con el alma, el cuervo se lleva su profunda tristeza y el alma no puede descansar. Y a veces, sólo a veces, el cuervo puede traer de vuelta el alma para enmendar el mal.

Son palabras que muy bien pudieran haber sido pronunciadas por el amante desconsolado del poema de Poe, quien veía en la espectral forma del cuervo a un mensajero venido de la “Noche Plutónica” para devolverle una sombría materialización de su perdida Lenore. Pues fue algo “tan horrible” la muerte de su amada que el alma apenas logra descansar en paz y envía a un cuervo, a un heraldo del más allá, para paliar en lo posible su dolor.

crow mask

 

Felicidad truncada

Esta breve introducción, basada en el cómic de James O’Barr, forma un pórtico excelente para la narración que va a desplegarse a lo largo de ciento dos minutos. Al igual que ocurre en la novela gráfica, una joven pareja es asesinada por unos maleantes, pero en esta ocasión la escena no se desarrolla en una carretera, sino en su propio hogar: una austera, pero acogedora, buhardilla dominada por un amplio ventanal circular. Cuatro hombres armados irrumpen una noche en la casa y violan a Shelly antes de apuñalar a su novio, Eric, dispararle y arrojarle por el ventanal. La escena se desdibuja tras filtros rojizos y se narra en varios flashbacks, interpolados por secuencias de la anterior vida idílica de la pareja. De hecho, son asesinados la víspera de su boda, y el vestido blanco de novia, ya preparado y reluciente sobre el maniquí, es el mudo testigo de un sueño truncado. Recordemos que en el poema “The Raven” también existía un principio de pureza en la estancia del amante: el blanco busto de Palas Atenea asentado sobre el dintel de la puerta. Ambos elementos infieren bondad y perseverancia, la constancia de una dicha que nunca llegará a manifestarse.

Parte II: Paraíso desencadenado →

 

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