Caminaba entre sombras tan oscuras…

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“Caminaba abrumado y cabizbajo a través de una callejuela poblada por sombras tan oscuras como los turbios sentimientos que se cobijaban en mi corazón. Había bebido demasiado ron esa noche y mis pasos tambaleantes apenas se afianzaban en el suelo húmedo por la lluvia anterior. Atrás quedaban horas de juerga y desenfreno; más esa noche el alcohol y la incertidumbre roían mi alma de una manera atroz. Entonces, sobre las piedras del pavimento apareció una figura surgida de la nada que me impedía seguir avanzando.

Yo no estaba para bromas.

– Apartaos – mascullé, tenso. El desconocido, envuelto en una capa negra y su rostro oculto bajo un sombrero de ala ancha, se limitó a decir:

– No.

La disputa pendía en el aire y con gesto torpe aferré la empuñadura del estoque.

– ¿Quién sois, que impedís a un hombre llegar a su propio hogar?

– Soy tu Conciencia.  Y no te impido hacer nada que no hayas hecho ya.

No comprendía tales palabras, por lo que desnudé presto mi acero y repetí:

– ¡Apartaos! No quiero haceros daño.

– No podrías, pues el daño ya te lo estás haciendo a ti mismo.

Era imposible que aquella situación fuese real.

– Pero lo soy – añadió. – Soy tan real que mi presencia toca el alma de todos los hombres. Y la tuya me ha pedido ayuda esta noche.

– Lo único que pido es un camino libre a mi lecho, y sin altercados, ya que mañana será un día duro.

– Si continúas con esta vida no habrá un mañana para ti.

Di un paso atrás. El otro alzó el mentón y pude ver un reflejo de mi propio rostro, pero lleno de seguridad y acato; un semblante honrado y afable que hablaba con mi propia voz.

– Dime. ¿Qué has ofrecido hoy al mundo? ¿Has pronunciado palabras amables, has pensado en alguien que no fueses tú mismo? ¿Tus amigos se han llevado algo de tu amistad? No. Sólo te has preocupado por tu propio placer y para lograrlo te has valido, como siempre, de la jactancia y la presunción. Contigo el mundo de la justicia y del altruismo ha muerto un poco más esta noche.

Si continúas con esta vida no habrá un mañana para ti. Clic para tuitear

Yo iba a responder algo, pero continuó implacable.

– ¿Qué haces vagando solo? El camino que has tomado sólo tiene un fin, y es el más aciago que te puedas imaginar. En vano buscas en el exterior lo que debieras buscar en tu interior. Tu alma y tu cuerpo claman justicia y te aseguro que se la merecen. Pues ni tu mente ni tu corazón te traicionarán jamás si los tratas con respeto.

Y desapareció. Sólo recuerdo que desperté en mi cama con un insoportable dolor de cabeza.

Pero desde entonces la noche alberga estrellas más brillantes, mis pasos son algo más firmes y las sombras que pueblan mi vida son menos oscuras”.

 

¿Has pronunciado palabras amables, has pensado en alguien que no fueses tú mismo? Clic para tuitear

 

(De Ravensburg Apócrifo. “Extracto IX”)

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